Es el segundo libro que leo de esta autora y el primero me
encanto, por eso quizá tenía unas expectativas algo altas con este libro. Me
gustado mucho, no tanto como ese primer libro pero ha estado cerca.
Oliver llega al equipo de los Ojáncanos a empezar desde cero
después de que su anterior equipo descubriera que es gay y le hiciera la vida
imposible. Su intención es que nadie se entere y pasar desapercibido pero allí
conocerá a Manu, el capitán de los Ojáncanos, y aunque al principio no se
llevan nada bien, gracias a un castigo en el que se ven obligados a pasar
tiempo juntos se acaban haciendo amigos.